Reportajes : Hockey Patines
Hockey Patines |
La mejor selección también tiene el mejor equipo técnico
Los jugadores disponen de un excelente grupo humano a su servicio que les ha ayudado a conquistar los tres mundiales consecutivos
La Selección Española de hockey sobre patines conquistó el pasado sábado el Campeonato del Mundo en Vigo tras derrotar a Argentina en la final por 3-1, el tercer título consecutivo que cosecha este mismo bloque de jugadores. Los goles de Pedro Gil, las paradas de Guillem Trabal y Sergi Fernàndez en la final, las contras decisivas de Gual y Adroher, la clarividencia de Ordeig y Roca, los marcajes de Bancells o las delicias de Torra y Bargalló quedarán siempre en la memoria colectiva de este deporte. Pero estos de diez jugadores son los primeros conscientes que el grupo humano de la Selección es mucho más amplio. Carlos Feriche y Catxo Ordeig han sabido rodear a estos excelentes jugadores de un cuerpo técnico de primera calidad y, sobretodo, perfectamente integrado dentro del grupo.

Carles Balart, el preparador físico, ha sido el último componente en llegar al cuerpo técnico, aunque no esconde su satisfacción al poder convivir una vez al año con este equipo de campeones. “A nivel personal valoro mucho esta experiencia, ya no por si es la selección o un club, sino porqué me siento muy bien con este grupo”. Balart tiene la misión de que los jugadores lleguen a la competición al cien por cien de sus capacidades, aunque no es una tarea fácil tras una temporada de ocho meses. “Los jugadores llegan con muy poco tiempo de recuperación tras los play-off. Entonces hago una valoración no tanto de su nivel físico, sino de sus lesiones y de las posibilidades que esto me da. Miro de amoldar los ocho jugadores a lo que yo pretendo” explica el preparador físico, que admite que “Feriche sólo me pide que estén listos para competir, así que yo debo complementar el trabajo técnico y de partidos que él ya hace”.

Si Carles Balart ha sido el último en llegar al cuerpo técnico, Angel Milla es con diferencia el más veterano de todos, y tras doce años trabajando en la selección, este invierno fue condecorado con la Insignia de Plata de la RFEP. Es el mecánico y el encargado del material de los equipos nacionales en todas sus categorías, aunque sus labores sobrepasan con creces estas tareas. “Si sólo hiciera de mecánico sería tan fácil como sentarme y esperar a que algo se rompiera, pero en una selección como esta si tienes ganas de hacer cosas las haces”.

Milla admite que llegó a la Federación Española “que no sabía lo que era una llave inglesa” aunque esto ya son cosas del pasado. Con un palmarés de títulos más que envidiable, Milla no tiene ningún campeonato que recuerde con más cariño que otro, aunque no esconde su especial aprecio para los jugadores que este año han levantado la Copa del Mundo: “No les enseñé a patinar, pero sí que les daba la mano cuando eran alevines. Me siento un poco el padre de todos ellos, los he visto crecer”. El eterno mecánico recuerda con cariño los inicios de estos de jugadores, y como él les tomaba el pelo cuando se quejaban por alguna chiquillada. “Un vez me comentaron que las bolas que usábamos iban mal y que querían cambiarlas; yo hice ver que las dejaba en la bolsa y les saqué las mismas, y entonces ya iban bien”, comenta entre risas.

Por su parte, el Dr. Salvador también es uno de los miembros del cuerpo técnico con más campeonatos a sus espaldas, ya que está en la selección desde el Europeo del 2000, y ha tomado parte en los cinco últimos mundiales. Especializado en medicina del deporte y traumatología, admite que “me gusta el ambiente deportivo, sano y de gente joven” por lo que trabaja “por afición y devoción”. “En el deporte, ya no en el de élite sino también en el de base, los controles médicos deberían ser obligatorios, ya que se somete al cuerpo un esfuerzo que puede provocar cualquier tipo de complicación y nuestro trabajo ha de ser tanto el de tratar lesiones como de prevención”, apunta el Dr. Salvador, que reconoce que “en este grupo me siento querido y respetado, ya que el día que no sea así lo dejaré”.

Otra de las piezas clave del cuerpo técnico es Xavi Reyes, el fisioterapeuta de la selección. Con sólo 28 años, lleva ya cuatro veranos con el equipo nacional, y campeonato tras campeonato ve como los jugadores adquieren más confianza con sus tratamientos. “La gente me conoce más. Los jugadores son los mismo, pero esto hace que crean más en los tratamientos de fisioterapia y preventivos. Me piden más cosas y trabajo más que le primer año”. Reyes sabe que a nivel profesional “estar con esta selección te da cierto prestigio”, pero, igual que Balart, valora sobretodo el contacto personal con el grupo de jugadores: “Otro ‘fisio’ tal vez sería de otra forma, más introvertido y no favorecería el buen ambiente. Esto ya va con cada uno”. Reyes niega que su trabajo esté en la sobra y se muestra convencido que “los chicos son conscientes de la importancia del equipo técnico, y esto es más importante que salir en la foto”.

Toda esta selección estaría perdida sin la pieza que cierra todo el engranaje. Ricard Vinyals es desde hace seis años el delegado de la Selección. Encargado de la logística, su misión es asegurar la comodidad de los jugadores y mantener el orden y la diligencia en todo momento durante las concentraciones. “Ellos siempre me lo han puesto todo muy fácil”, explica Vinyals, que añade: “Valoro mucho el gran grupo humano que hay, tanto en el equipo técnico como los jugadores”. En sus cinco años de delegado de la Selección Española, Vinyals recuerda como “un momento de especial tensión” un Campeonato del Mundo en Macao, cunado un conductor de autobuses se durmió y por poco perdemos el barco y el avión de regreso a Barcelona. “Tuvimos que empezar a pedir taxis, y con la cantidad de bultos que llevábamos no sé ni cuántos llegamos a pedir”, recuerda con una sonrisa.

El grupo se completa Carlso Feriche, seleccionador nacional, Catxo Ordeig, segundo entrenador, Ignacio González, jefe de la expedición, y Xavi Moyano, gerente de la RFEP. A pesar de las diferencias entre ellos, ya sea de carácter o meramente generacionales, si algo tienen en común es su reconocida admiración por el resto del equipo. Es imposible encontrar una mala palabra hacia los técnicos o los jugadores. Más bien sucede todo lo contrario, alabanza tras alabanza, cada uno de ellos resalta el buen ambiente que se respira en la selección como una de las claves de la década prodigiosa del hockey sobre patines, de la cual todos ellos también han formado parte aunque en la mayoría de casos desde la trinchera, la sombra escogida.

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